Comulgar con ruedas de molino
Me gusta comulgar con ruedas de molino. No es que esté dispuesto a creerme todo lo que me propongan, por absurdo que pueda ser, no. Se trata simplemente de que casi todos los días, a modo de postre, tras la fruta, me como una especie de oblea gigante, de no menos de treinta centímetros de diámetro y de una textura muy similar a la de las hostias que se emplean para la comunión de los fieles en los oficios religiosos. Claro está que estas obleas gigantes no han sido sometidas a ningún procedimiento o ceremonia de transubstanciación y no contienen por lo tanto, a diferencia de las hostias consagradas, substancias divinas, por lo que yo prefiero llamarlas “ruedas de molino”. Para poder comerlas es necesario realizar acciones o gestos, tales como quebrar con las manos la oblea, lo que recuerda al celebrante en las ceremonias religiosas.
Estas obleas gigantes o ruedas de molino las fabrican en Salamanca y aquí, en Alicante, las venden en un pequeño autoservicio situado en la plaza de España, esquina a Padre Mariana, donde se pueden comprar también muchos otros productos de esos que llaman delicatessen. Nosotros las comemos acompañándolas con algún vino dulce o mistela de la Bodega Cooperativa de Teulada.